jueves, 19 de agosto de 2010

El día que perdí el trono…

Recuerdo perfectamente ese día.
Estaba yo en casa de mis abuelos y sabía que ese día nacería mi hermanito.  Tenía yo dos años recién cumplidos.
En algún momento del día supe que había nacido y que además era niño.  La idea no me parecía del todo mal.
Recuerdo que mi papá fue a recogerme. 
Llegamos al hospital.  Me explicó que no podía yo pasar así que pasaríamos a escondidas.  Recuerdo haberme tenido que esconder en algún pasillo mientras pasaba un doctor.
Finalmente recuerdo el pasillo… largo… (no sé que tan largo pudo haber sido en el Hospital del Ronquillo en Cananea, Sonora).
Llegamos al cuarto… uno de los últimos del lado derecho.  La puerta estaba abierta.
Entré.  Mi madre en la cama con un bebé en brazos.  Mucha familia y amigos en el cuarto.  Todos observándome.  Como que viendo a ver que hacía.  Me volteé y salí corriendo.  Pero no fue porque me molestara.
Creo que nunca sentí celos de mi hermano.  Jamás me sentí relegado y me pasó de noche el hecho de ya no ser el primer bebé de la familia. 
La familia tenía tiempo para los dos.

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