Me acordé de otra de aquel verano del 97 en el que fui minero...
Me mandaron a acompañar a una persona a destapar un "chutis" (o algo así). Me imagino que la raíz de la palabra será algo relacionado a la palabra en inglés "shoot". Es un agujero para pasar material de un nivel a otro de la mina. Se había atorado una piedra grande y había que destaparlo.
El otro chavo tenía más o menos mi edad. Total, ahí vamos cargados de explosivos y mechas.
Ahí les encargo lo divertido que puede ser para dos 20 añeros destapar un agujero con explosivos. Colocar explosivos, mecha, encender, esconderte... Tuvimos que aventarnos tres rounds.
Ahora sé que fue algo muy peligroso, pues nuestra experiencia en el manejo de explosivos era nula. Pero en ese tiempo era una misión importante.
Eso me recordó la primera vez que me tocó ir a encender los explosivos del cambio de turno... pero ya será en otra ocasión.
jueves, 2 de enero de 2014
martes, 2 de julio de 2013
Entiendo ahora...
Entiendo ahora que siempre voy a creer que tengo derecho a opinar sobre tu vida:
- Porque cada una de las veces que lloraste en la noche, sin falta, estaba a tu lado en 5 segundos... sin pensarlo.
- Porque a pesar de mi impaciencia, aprendí a darte un biberón o a darte de comer, tardaras lo que tardaras...
- Porque aunque creí que era imposible cambiar un pañal, aprendí y lo hice infinidad de veces...
- Porque cualquier necesidad tuya era 100 veces más importante que cualquier otra cosa que estuviera pasando en el mundo...
- Porque nunca he de dedicado más tiempo en la vida a algo que a arrullarte...
- Porque por mas que te consiento, no me das un beso más que si te nace a ti sólita...
- Porque nadie en el mundo se emocionó más que yo cuando te vi pararte o cuando supe que diste tus primeros pasitos... y cada uno de tus logros me emociono como ninguna otra cosa en la vida...
- Porque tu risa me emociona, me conmueve, me motiva, me alegra, me encanta...
- Porque te extrañaba aunque te acabara de acostar y estuvieras en el cuarto de a lado...
- Porque eres hermosa, simpática, linda...
- Porque eres enojonsita, consentida, poquito tolerante...
- Porque te vi detener tu cabeza, sentarte, balbucear, hablar, gatear, pararte, equilibrarte, caminar...
Y apenas tienes 11 meses...
Le pido a Dios que me permita estar contigo, apoyarte y cuidarte el tiempo que lo necesites...
sábado, 14 de abril de 2012
Obvio, un café...
Desperté, emocionado...
Me levanté intentando recordar por qué...
¡Ah, sí! Era mi primer día de trabajo...
¡Mi primer día de trabajo como profesionista!
Por fin... Ingeniero...
Rumbo al trabajo, me pareció correcto detenerme por un café... Era lo lógico... Los profesionistas tomamos café en la oficina... Todo mundo lo sabe...
Desde entonces tomo café... Diario...
Enviado desde mi BlackBerry®
Me levanté intentando recordar por qué...
¡Ah, sí! Era mi primer día de trabajo...
¡Mi primer día de trabajo como profesionista!
Por fin... Ingeniero...
Rumbo al trabajo, me pareció correcto detenerme por un café... Era lo lógico... Los profesionistas tomamos café en la oficina... Todo mundo lo sabe...
Desde entonces tomo café... Diario...
Enviado desde mi BlackBerry®
martes, 9 de noviembre de 2010
We are just getting stronger
Cuando las cosas parecen difíciles en cualquier sentido, me viene a la mente un recuerdo de aquel par de años en la escuela militar.
Cuando uno incurría en alguna falta que ameritaba un castigo un poco más severo, había que pasar el fin de semana marchando.
Las horas inútiles de marcha, que sustituían el poco tiempo libre del que un cadete gozaba cada semana, comenzaban con una sesión de trote alrededor del campus y en muchas ocasiones por la ciudad. Había que trotar en formación, con botas y con el rifle. Algunos tramos alzando el rifle sobre la cabeza con los brazos extendidos. Está de más comentar que no era divertido.
Ya fuera bajo el sol en verano, o entre la nieve en invierno, la experiencia era agotadora a pesar de que gozábamos de buena condición física. Un castigo a final de cuentas.
Ese día, estuvimos dando vueltas alrededor de la escuela un rato y yo me sentía agotado como nunca. Sentía que tenía que detenerme y atenerme a las consecuencias o me desmayaría si daba dos pasos más.
Finalmente nos dirigíamos a la escuela, lo que significaba que estábamos a punto de terminar.
De pronto, quien dirigía la formación, decide dar la vuelta en sentido contrario para alargar un poco más la fiesta.
No sabía si reír, llorar, gritar, tirarme al piso…
Se pudo sentir y oír que caía el ánimo del pelotón que un segundo antes creía que todo iba a terminar.
En eso, un compañero grita a todo pulmón: “We’re just getting stronger people! We’re just getting stronger!”
No supe quien fue, pero inmediatamente sentí una energía renovada. Justo a tiempo. Repetí su frase en mi mente. Después la grité. Inmediatamente el pelotón comenzó a cantar con más energía y fuerza.
Hasta el día de hoy, muchos años después, esa frase surge cuando siento que no puedo más.
Revivo la escena completa en mi cabeza, seguida de la energía renovada. Una sensación de fuerza. Una sensación de poder.
We are just getting stronger.
Cuando uno incurría en alguna falta que ameritaba un castigo un poco más severo, había que pasar el fin de semana marchando.
Las horas inútiles de marcha, que sustituían el poco tiempo libre del que un cadete gozaba cada semana, comenzaban con una sesión de trote alrededor del campus y en muchas ocasiones por la ciudad. Había que trotar en formación, con botas y con el rifle. Algunos tramos alzando el rifle sobre la cabeza con los brazos extendidos. Está de más comentar que no era divertido.
Ya fuera bajo el sol en verano, o entre la nieve en invierno, la experiencia era agotadora a pesar de que gozábamos de buena condición física. Un castigo a final de cuentas.
Ese día, estuvimos dando vueltas alrededor de la escuela un rato y yo me sentía agotado como nunca. Sentía que tenía que detenerme y atenerme a las consecuencias o me desmayaría si daba dos pasos más.
Finalmente nos dirigíamos a la escuela, lo que significaba que estábamos a punto de terminar.
De pronto, quien dirigía la formación, decide dar la vuelta en sentido contrario para alargar un poco más la fiesta.
No sabía si reír, llorar, gritar, tirarme al piso…
Se pudo sentir y oír que caía el ánimo del pelotón que un segundo antes creía que todo iba a terminar.
En eso, un compañero grita a todo pulmón: “We’re just getting stronger people! We’re just getting stronger!”
No supe quien fue, pero inmediatamente sentí una energía renovada. Justo a tiempo. Repetí su frase en mi mente. Después la grité. Inmediatamente el pelotón comenzó a cantar con más energía y fuerza.
Hasta el día de hoy, muchos años después, esa frase surge cuando siento que no puedo más.
Revivo la escena completa en mi cabeza, seguida de la energía renovada. Una sensación de fuerza. Una sensación de poder.
We are just getting stronger.
jueves, 19 de agosto de 2010
rifle
Estaban los señores tirando una moneda al aire y apostando a ver quien la atravesaba con una bala.
Yo tenía unos 5 años. Sabía cargar y disparar el rifle.
Se fueron todos a asar la carne.
Agarré un rifle, le puse una bala y puse una moneda en el piso.
Sería fácil agujerarla en el piso, y posteriormente diría que la atravesé en el aire.
- ¡PUM!
- ¿Qué pasa?
- El niño disparó.
Y el niño temblando asustado.
No sé dónde quedó la moneda, pero si le hice un agujero a la banqueta y me saltaron pedazos en la cara. Seguro no lo volvería a hacer.
Yo tenía unos 5 años. Sabía cargar y disparar el rifle.
Se fueron todos a asar la carne.
Agarré un rifle, le puse una bala y puse una moneda en el piso.
Sería fácil agujerarla en el piso, y posteriormente diría que la atravesé en el aire.
- ¡PUM!
- ¿Qué pasa?
- El niño disparó.
Y el niño temblando asustado.
No sé dónde quedó la moneda, pero si le hice un agujero a la banqueta y me saltaron pedazos en la cara. Seguro no lo volvería a hacer.
El día que perdí el trono…
Recuerdo perfectamente ese día.
Estaba yo en casa de mis abuelos y sabía que ese día nacería mi hermanito. Tenía yo dos años recién cumplidos.
En algún momento del día supe que había nacido y que además era niño. La idea no me parecía del todo mal.
Recuerdo que mi papá fue a recogerme.
Llegamos al hospital. Me explicó que no podía yo pasar así que pasaríamos a escondidas. Recuerdo haberme tenido que esconder en algún pasillo mientras pasaba un doctor.
Finalmente recuerdo el pasillo… largo… (no sé que tan largo pudo haber sido en el Hospital del Ronquillo en Cananea, Sonora).
Llegamos al cuarto… uno de los últimos del lado derecho. La puerta estaba abierta.
Entré. Mi madre en la cama con un bebé en brazos. Mucha familia y amigos en el cuarto. Todos observándome. Como que viendo a ver que hacía. Me volteé y salí corriendo. Pero no fue porque me molestara.
Creo que nunca sentí celos de mi hermano. Jamás me sentí relegado y me pasó de noche el hecho de ya no ser el primer bebé de la familia.
La familia tenía tiempo para los dos.
Estaba yo en casa de mis abuelos y sabía que ese día nacería mi hermanito. Tenía yo dos años recién cumplidos.
En algún momento del día supe que había nacido y que además era niño. La idea no me parecía del todo mal.
Recuerdo que mi papá fue a recogerme.
Llegamos al hospital. Me explicó que no podía yo pasar así que pasaríamos a escondidas. Recuerdo haberme tenido que esconder en algún pasillo mientras pasaba un doctor.
Finalmente recuerdo el pasillo… largo… (no sé que tan largo pudo haber sido en el Hospital del Ronquillo en Cananea, Sonora).
Llegamos al cuarto… uno de los últimos del lado derecho. La puerta estaba abierta.
Entré. Mi madre en la cama con un bebé en brazos. Mucha familia y amigos en el cuarto. Todos observándome. Como que viendo a ver que hacía. Me volteé y salí corriendo. Pero no fue porque me molestara.
Creo que nunca sentí celos de mi hermano. Jamás me sentí relegado y me pasó de noche el hecho de ya no ser el primer bebé de la familia.
La familia tenía tiempo para los dos.
lunes, 12 de julio de 2010
La Expropiación de la Banca y las Pastillas de Menta
De las cosas más difíciles cuando es uno muy pequeño, es acompañar a los adultos a hacer mandados. Había algunos peores que otros.
Me vienen varios ejemplos a la mente, pero uno especialmente difícil era ir al banco.
Era un lugar frío, aburrido, callado y con unos sillones de plástico incómodos que es donde yo tenía que esperar a mi madre. Un Banamex en Cananea.
Lo único que hacía ésta experiencia más llevadera, era que al momento en que yo llegaba y me acomodaba en la salita a esperar, las empleadas del banco me llevaban un recipiente de cristal con pastillas de menta. Con eso tenía yo para entretenerme un rato.
Es por eso que recuerdo el día en que llegué al banco, me acomodé y no me ofrecieron pastillas de menta.
Al salir pregunté extrañado a mi madre qué era lo que había pasado. No entendía yo el motivo de tal descortesía.
Me explicó que los bancos ya no eran privados, que ahora pertenecían al gobierno, y que probablemente ya no habría pastillitas.
Desde entonces estuve a favor de la privatización de la banca.
Me vienen varios ejemplos a la mente, pero uno especialmente difícil era ir al banco.
Era un lugar frío, aburrido, callado y con unos sillones de plástico incómodos que es donde yo tenía que esperar a mi madre. Un Banamex en Cananea.
Lo único que hacía ésta experiencia más llevadera, era que al momento en que yo llegaba y me acomodaba en la salita a esperar, las empleadas del banco me llevaban un recipiente de cristal con pastillas de menta. Con eso tenía yo para entretenerme un rato.
Es por eso que recuerdo el día en que llegué al banco, me acomodé y no me ofrecieron pastillas de menta.
Al salir pregunté extrañado a mi madre qué era lo que había pasado. No entendía yo el motivo de tal descortesía.
Me explicó que los bancos ya no eran privados, que ahora pertenecían al gobierno, y que probablemente ya no habría pastillitas.
Desde entonces estuve a favor de la privatización de la banca.
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