viernes, 5 de junio de 2009

aquel juego de softball…

En alguna etapa de mi divertida adolescencia, decidimos armar un equipo de softball para jugar en la liga de la colonia.

Cuando menos me di cuenta el equipo ya estaba hecho y yo no había sido incluido.  Éramos un grupo de amigos muy grande y había suficiente gente para hacer un segundo equipo.

Obviamente el segundo equipo sería algo así como la película de “The Replacements”.

Pues en mi berrinche, armé un equipo y decidí retar al primer equipo.  La apuesta fueron 7 cartones de Carta Blanca.  Era una pequeña fortuna en aquel entonces, tomando en cuenta que cada uno tenía un presupuesto por fin de semana equivalente a tal vez una tercera parte del cartón.

Recluté algunos “externos” (gente que se juntaba poco y posteriormente fue motivo de reclamo por parte de mis adversarios), entrenamos un par de fines de semana y finalmente llegó el día en que nos enfrentaríamos al primer equipo.

Recuerdo pocos detalles de aquel juego, y recuerdo que jugué muy poco.  Me dediqué principalmente a dirigir a los muchachos.

Jugamos  muy bien y finalmente se dio por terminado el juego por diferencia de carreras.  Recuerdo las caras poco amigables del primer equipo.

Y recuerdo que me vaciaron una hielera encima al momento en que se dio por terminado el juego.

Un bonito recuerdo que apareció el día de hoy.

y se fue mi vecino…

Fue el primer niño que conocí en esa nueva casa… yo tenía como 9 años…

Mi hermano y yo jugamos con él y con Luis en las bicicletas ese primer día.

De ahí en delante estuvo a mi alrededor durante varios años…

Estuvimos juntos en el karate por unos años, jugábamos en el parque y me lo encontraba por todos lados…

Durante la adolescencia desapareció… nunca supimos que le pasó.

La verdad es que era un desmadre, pero era un niño incapaz de hacerla sólo.

Hasta donde yo sé su familia nunca recibió noticias de él.

Fue muy gradual el aceptar que jamás regresaría… Lo recuerdo muy seguido y me gustaría pensar que anda por ahí en algún lugar del mundo. Hoy me acordé de él y por primera vez pensé que tal vez ya no está en éste mundo.

Fue hace como 15 años ya…

Teníamos unos amigos que eran albañiles de Tampico… él se juntaba más con ellos… pero dudo mucho que hayan sido ellos. Además después supe que si les tocó un interrogatorio al estilo de la justicia mexicana.

Y a ratos me imagino y quiero pensar que anda por ahí, que se metió en un problema que le impidió regresar o reportarse con su familia. Que vive en alguna isla caribeña. Después nomás no me cuadran mis fantasías.

Aún no me atrevo a pensar un "descanse en paz"... pero seguirá en mis oraciones.

martes, 21 de abril de 2009

Los “premios de puntualidad y asistencia” y mamá…

Si llegué a faltar a clases tres días en toda la primaria y secundaria, se me hace mucho.

No incluyo preescolar, sobre todo porque hubo una temporada en que decidí terminantemente que no me quedaría en el kinder al que mis padres (sin consultarme) decidieron cambiarme… esa será otra historia.

Rara vez me enfermé de cosas como un resfriado y no recuerdo haber tenido que faltar a clases realmente, excepto cuando hacía frío y me daba una enfermedad respiratoria.  Me cansaba caminando y tenía que detenerme a descansar.  No podía jugar en el recreo y pasaba esos días realmente mal.

Para mi adorada madre, el hecho de faltar a clases era algo así como pecado mortal, no sé porqué… eso y llegar tarde a algún lado.

Su truco era el siguiente:

Cuando me negaba yo a levantarme me decía:

“Mira… levántate, báñate, desayuna y nos vamos a la escuela… si al ratito te sigues sintiendo mal todavía, me llamas y voy por tí…”

Obedientemente me levantaba, me bañaba y desayunaba… Ya levantado, ¿a qué me quedaba en la casa?

Y ya en la escuela, aunque todavía me sintiera un poco mal, como que no tenía caso.  Ya no tenía sueño, ya estaba ahí… ¿ya qué?

Me acordé de esto la semana pasada, porque me sentía cansado ya de varios días, con dolor de cabeza, de esas veces que sientes que te vas a enfermar… no me quería levantar, y mucho menos pasar el día en la oficina.

Pero inconscientemente me dije a mi mismo:

“me voy a levantar, bañar y desayunar… y si al rato me sigo sintiendo mal, me regreso a casa y ya”…

Está de más mencionar que pasé el día en la oficina…

domingo, 8 de marzo de 2009

unos días con los geólogos

Caminando por Reforma la semana pasada, vi a unas personas trabajando con un teodolito.

Me acordé de un detalle que no recordaba de aquel verano que pase en la mina.

Hubo unos días que me enviaron como ayudante de unos geólogos, que iban a "seguir una veta". Es decir, median la distancia e inclinación de cada tramo de una veta.

Total, ahí anduve explorando un cerro con los geólogos.

Estuvo interesante darme cuenta la exactitud de los datos que obtenían basados en distancias y ángulos.

Ahora esa tarea seguro es muy fácil. Ha de ser cuestión de darle "Rec" a un aparatito y caminar sobre la veta.

sábado, 20 de diciembre de 2008

El Mundo es Mío

Tenía yo como 16 o 17 años, en unas vacaciones de Semana Santa...

Monterrey estaba aburrido...

Salimos a una fiesta, y en algún momento de la noche, el Fabián, Erick y yo, decidimos que sería buena idea irnos a pasar las vacaciones a Mazatlán.

Obviamente la dificultad inicial era obtener un permiso a la una de la mañana... y además financiamiento.

No fue fácil... pero después de una hora de discusión, con argumentos poco fuertes de mi parte, mi madre se dio cuenta de que me iba a ir a como diera lugar... supongo que porque me puse a empacar aun cuando todavía no me daba permiso.

Recuerdo haber salido de casa, con mi mochila colgando, la calma de la madrugada... silencio total... sólo se oían mis pasos.

Unas cuadras más adelante ya venía Erick también caminando. Nos emparejamos sin decir palabra rumbo a casa de Fabián. Si mal no recuerdo su hermano Victor nos haría el favor de llevarnos a la central de autobuses.

Lo que recuerdo de todo esto es la sensación de libertad en ese momento en que salí de casa. No había restricciones, podía hacer e ir a donde yo quisiera.

Esa sensación y ese momento me vienen a la mente cada vez que hago algo nuevo... y recuerdo que generalmente nos limitamos solos... me gusta recordarlo y procuro revivirlo.

viernes, 30 de mayo de 2008

El Viaje a LA

De las mejores experiencias en la vida...

Mi abuela vivía en Los Angeles, California en ese tiempo... sería el 2003...

Trabajando y con esa sensación de que el mundo te pertenece... no hay límites...

Total... por algún motivo tenía una semana de vacaciones en el trabajo... me puse de acuerdo con mis hermanos... hablamos con papá, quien amablemente aportó los dólares para el viaje... y ahí vamos... viaje por carretera desde Monterrey hasta Long Beach...

Excelente viaje... paisajes, comidas, hoteles, una escala en la base de los Marines en 29 Palms... de hecho hicimos 2 ó 3 días más de lo planeado para llegar a Long Beach... cabe mencionar que Nana ya estaba un poco molesta u ofendida... pero bueno... a fin de cuentas llegamos...

Excelente experiencia por el viaje... pero sobretodo por convivir horas y horas con mis hermanos. El regreso estuvo más forzado... el último round en la manejada fué de 23 horas seguidas... de algún lugar donde dormimos (de día, pq habíamos viajado de noche) en Arizona, hasta Monterrey, porque yo tenía que trabajar un lunes...

Excelente viaje con mis hermanitos...

Los Perritos

Viví en Cananea hasta los 6 años... casi 7...
Sin embargo recuerdo esas épocas como toda una vida... toda una etapa...

Mi Nana tenía una perrita que se llamaba "La Peque"... una perrita chiquita... cruza de no se que razas... pero bien linda la perrita... de esas peluditas...

El caso era... y el recuerdo que me vino hoy a la mente... que cuando tenía perritos era para mí todo un evento...

Sabía que iban a salir muchos... y como me divertía con ellos...

No sé cuántas veces haya pasado esto... pero recuerdo varias...

Llegaba a casa de Nana... y ya había como unos 7 o 9 perritos recién nacidos... ¡¡¡NO NO NO NO NO!!! Pura felicidad...

Eran como unos G.I. Joes... pero vivos... juguetes a fin de cuentas...

Sabía que pasaría unas semanas contando con mis juguetes nuevos... pero después... se iban yendo con sus nuevos dueños...

Era triste... desagradable... sólo me dejaron quedarme con una una vez... La "Motita"... que a su vez también fue proveedora de juguetes por un determinado tiempo...

Recuerdo lo fácil que era ser feliz de niño... y me enseña lo fácil que es ser feliz de grande...

Y también... me hace reflexionar... ¿cómo pasaban tantas cosas en tan poco tiempo?